• Cocina Poblana Contemporánea
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Santo Menjurje

Llegando al éxtasis a través de vista, olores y sabores, soliloquios de pan y galletas, de dorados trazos de Villalpando como chiles rellenos rebozados, en recetas epistolares a Sor Filotea y gaznates, de sabrosos, jugosos y pasiegos sonetos de Sigüenza y Góngora.  Guisos de cuchara y calderos con fabada, sin negar la cuna ibérica y el respaldo de cabildos y campanas, porque para ollas... sólo las poblanas,  de bagres y carpas en guisos de caldo de flor de harina.

En capillas convidadas de elocuencia árabe: alfeñiques, aleluyas, alacenas y almacenes, acequias y alcaldes, de alambiques y alcoholes, en hazañas y flores de azahar. En guisos de uvas pasas, almendras, clavo, canela se han rellenando el agridulce linaje moro en la cocina del barroco poblano.

"El siglo de oro novohispano se maja con carnes de cerdo, cordero y miel, de las manos indígenas, pregoneras de la cocina de maíz, chile y frijol, combinando con berzas, nabos y hueso de jamón".

Monjas coronadas de flores y cocineras de blusa bordada con trenza encañonada de rojo listón,  combinan orbes para darle la característica sazón a esta época.  Su estirpe ha ganado fama mundial, porque Mole habrá de servirse en el convite, en el funeral y hasta la festividad de la Muerte, la de Los Fieles Difuntos, con Dulce de Calabaza en Tacha, pacíficos tejocotes acompañando a Hojaldras coronadas de ajonjolí y Punchi en plato de Talavera con su alma de camote morado.

Con la obra maestra que cierra un episodio de la historia de esta tierra: Los Chiles en Nogada, culmen del agasajo barroco donde convivirán hasta la actualidad, especias, frutas, carnes, vegetales, la significativa y sigilosa presencia de la Tercera Raíz, en los ingredientes de la cocina africana, equilibrado rigor en la preparación, cubriéndose el dorado conjunto del rebozado con delicada salsa de Nuez de Castilla traída de Calpan,  desleída con queso de cabra, leche y jerez, servido el episcopal banquete al consumador de la Independencia, distinciones harán las monjas del Convento de Santa Mónica a Don Agustín de Iturbide, quien seguramente gustoso repitió la ración, cerrando uno de los periodos más representativos de la coquinaria mexicana y por el cual a Puebla se le considera “El paladar de la mexicanidad”.